
A un dÃa de su fin, la teleserie nocturna de TVN promedió 50 puntos de rating on line y un peak de 56 en su penúltimo capÃtulo. El éxito lo heredó la nueva apuesta del canal estatal: Conde Vrolok.
Con una Consuelo acorralada finalizó el episodio en donde la villana terminó secuestrando a su propia hija Florencia. Sin lÃmites, la hermana de Raimundo DomÃnguez al parecer quiere seguir con su serie de asesinatos.
Primero fue Elisa, luego Juanita Ovalle y finalmente su propio marido Bruno Alberti quienes se conviertieron en vÃctimas falates. Pese a que fingió el suicidio de éste durante la noche de año nuevo, ya se sabe que fue ella la sanguinaria autora del macabro crimen.
Ya en este penúltimo capÃtulo, hasta el supuesto amor por sus hijos pasó a segundo plano luego de ir en busca de Florencia mientras la policÃa planeaba su detención al conocer el resultado de la autopsia de Alberti.
Y es que los exámenes forenses descartaron la teorÃa del suicidio al notar que la sangre del cuerpo del arquitecto se encontraba con una alta dosis de tranquilizantes. Asà las cosas, la sanguinaria miembro del clan DomÃnguez raptó a su hija Florencia ante los ojos de su cuñada Francisca Correa, quien se opuso a que la menor ingresara a la camioneta con su madre.
Pese a los intentos de Francisca, la villana logró arrancar con su hija, siendo perseguida en una loca carrera. En el mismo momento, Rivas le confesaba a Raimundo DomÃnguez que fue su hermana quien asesinó a Alberti y a su propia hija.
A poco andar, miestras Consuelo es pérdida por la madre de Elisa, esta se entera en voz de su marido de la verdad que tantas veces visualizó en sus sueños. La malvada protagonista lleva a su hija a las viñas de la familia DomÃnguez y luego le confiesa que la policÃa la está buscando porque la quiere inculpar por las cosas malas que hizo el papá.
AsÃ, una nerviosa Florencia finge creerle y va en busca de ayuda llamando a su tÃo Raimundo. Finalmente es descubierta por su madre, quien saca su lado más maligno y la mira demostrándole que está a punto de ser una presa más de su sanguinario plan.






















